Eva Perón la estrella

Evita, hija de un terrateniente que la abandonó y una madre con mala fama, nació y creció perseguida por la marginación de la sociedad. Fruto de su origen, no sabía a qué clase pertenecía y su vida se mecía entre la pobreza que sufrían y la apariencia de tener un nivel económico medio. Ya que la vida real le ofrecía pocas satisfacciones, encontró en la radio, el cine y las revistas una evasión que despertó en ella el deseo de ser una gran estrella. Dicho y hecho, Evita se marchó a Buenos Aires para convertirse en una gran actriz, pero su éxito fue nulo pues sus dotes interpretativas eran escasas.

Tras su primer fracaso por convertirse en una mujer famosa y respetada, vino el segundo intento. Su nuevo papel la definía como Eva Duarte de Perón, la esposa del presidente que, ocultando su pasado, se convirtió en la viva imagen de la esposa tradicional, mero instrumento del marido y, de ese modo, argumentaba su intervención en la política. Así, Evita pasó a organizar y dirigir la rama femenina del peronismo de un modo autoritario, siguiendo una política similar al fascismo.

Los que la conocieron a lo largo de estos años la definieron como una mujer fría, tímida y callada que transmitía desprecio hacia los hombres. Siempre interpretó el amor como un arma para ascender en su carrera y, por ello, toda su pasión la invirtió en otro campo: el de la política.

De este modo, tras su mala interpretación del papel de esposa y señora del presidente, intentó una nueva transformación como agitadora de masas en concentraciones multitudinarias. Lo cierto es que, una vez más, la jugada no le salió bien porque éste  no fue un papel que se impuso ella sí misma, sino que fue su marido el que calculó todo para controlar cualquier  ámbito de la política y del sindicalismo.

Quizás lo más destacado en la vida de Evita fue su obra social y la repercusión que ésta tuvo. De nuevo, la imagen que los medios de comunicación construyeron de Evita era falsa. La política social se pensaba como propaganda del peronismo que ayudaba en función de la clase social a la que se perteneciera. Al final de todo, los pobres seguían siendo pobres pero se sentían mejor cuando aquella “señora tan buena” les ayudaba.

Todo lo que hoy conocemos de este personaje es fruto de la creación de la publicidad y la propaganda, sobre todo la manipulación de su muerte. Fue la propia Evita la que planeó su inmortalidad y la creación de un monumento a su memoria.

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